Ramón Teja: “El TIJERAS”: lecciones actuales de un Ministro del Fisco del Emperador Justiniano



[Este artículo fue originalmente publicado en el Diario Montañés de Santander el domingo 5 de Mayo de 2013

En los tiempos que corren, cuando todas las
administraciones parecen competir en recortes y austeridad en los Presupuestos,
no me parece que esté de más recordar que se trata de una práctica muy antigua
y que ha dejado su huella en la historia. Fue éste el caso de un alto
responsable de las finanzas del Imperio bizantino durante el gobierno del
famoso emperador Justiniano. Su cargo era el de logoteta y su nombre Alejandro. Pero pasó a la posteridad con el mote
que le dieron sus contemporáneos, Psalidion,
traducido al español “El Tijeras”, porque se hizo famoso por sus tijeretazos al
gasto público. Le recuerda el historiador de la época Procopio de Cesarea en su
famosa obra titulada Historia secreta
donde se complace en narrar las corrupciones y abusos de todo tipo que se
dieron durante el reinado de Justiniano. Dice Procopio que allí donde llegaban
estos altos recaudadores del Fisco “no tardaban en destruirlo y arruinarlo
todo” (XVIII,15). Alejandro fue enviado por el emperador a Italia en el 540,
tras la reconquista del territorio por el Imperio bizantino, y allí se
distinguió hasta tal punto por sus tijeretazos que Procopio lo hace el principal
responsable de la rápida pérdida de Italia.


¿Quienes fueron las víctimas de Alejandro? Da
la casualidad que sus recortes se volcaron sobre los funcionarios y los
desheredados y que contó siempre con el aplauso del emperador. De los soldados
y otros funcionarios dice Procopio que “se vieron reducidos a la miseria y la
estrechez por su culpa y se vieron afectados por una pobreza y hambre extremas
al verse privados de medios para procurarse lo que necesitaban habitualmente” (XXIV,10).
Pero la avidez recaudatoria de este “Tijeras” no perdonó ni tan siquiera a los
mendigos de Roma que vivían de la beneficencia pública y privada. Cito
textualmente a Procopio por miedo a no ser creído: “Con respecto a los mendigos
que se cobijaban junto a la basílica de Pedro Apóstol, el Tesoro siempre había
establecido que se les proporcionaran tres mil medimnos (medida de unos 8,75 litros) de grano todos los años. Esta
ayuda habían continuado recibiéndola todos ellas hasta que Alejandro Psalidio
llegó a Italia, pues este hombre decidió suprimirlo todo enseguida y sin la
menor vacilación. Cuando Justiniano, emperador de los romanos, se enteró de
esto, dio su aprobación a esta acción y tuvo a Alejandro en mucho más aprecio
que antes” (XXVI, 29-30). Además Procopio no olvida recordar que Alejandro y
otros como él se enriquecieron de forma desorbitada, como ocurre en todas la
coyunturas que ahora se denominan “crisis”. Y no está de más, pienso, recordar
a los analistas que asesoran a las autoridades económicas de las Comunidades
Autónomas, de España y de la Unión Europea promoviendo la denominada
“austeridad” para rebajar el déficit y la deuda que una política similar le
acarreó a Justiniano la rápida pérdida de Italia por la desmoralización de los
funcionarios y los soldados y el aumento generalizado de la pobreza.


He leído recientemente que dos prestigiosos
analistas económicos de la Universidad de Harvard, Carmen M. Reinhart y Kenneth
S. Rogoff, han defendido la teoría, que, por lo demás, ha inspirado a las
autoridades comunitarias y al FMI, de que, cuando la deuda de un Estado supera
el 90% de su PIB no puede haber crecimiento económico. Aducen que, para ello,
se han basado en el estudio de 44 países durante los últimos 200 años, pero, al
parecer, sirviéndose de datos erróneos o mal interpretados. Pero es más de
lamentar que no se hubiesen remontado al siglo VI y hubiesen leído también la Historia secreta para conocer las consecuencias
que los tijeretazos acarrearon al Estado bizantino. En cualquier caso, me
parece que muchos políticos actuales han hecho ya méritos suficientes para
pasar también a la historia, como el logoteta Alejandro, con el apelativo de Psalidion,
“el Tijeras”.

P.D. Me he servido de la magnífica traducción
de la Historia Secreta de Juan Signes
en la colección de Clásicos Gredos cuya amena y apasionante lectura recomiendo
a todos.

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